Así son las guitarras eléctricas en 2026: 8 prestaciones modernas típicas del nuestro siglo
Mucho de lo que disfrutamos hoy en día en las guitarras ya existía — por supuesto — en guitarras más antiguas, pero se ha hecho famoso y popular especialmente durante nuestro siglo XXI. Hoy repasamos algunas de las tendencias que antes eran una excepción y ahora en cambio son de lo más normal.
La broma típica que solemos hacer es que la guitarra eléctrica se ha detenido en el tiempo: la Stratocaster y la Les Paul son dos diseños que se han mantenido casi iguales unos 70 años después. Y no son los únicos casos, lo mismo ocurre con la Telecaster, la Explorer, la Jaguar y unos cuantos más, y el motivo es que la guitarra se percibe más como un fetiche, un cetro que han sostenido nuestros héroes de la guitarra, más que como un producto que necesite modernizarse como un ordenador o una aspiradora.
Pero eso no significa que, por el carril lateral, no haya habido innovaciones; de hecho ha habido muchas en estos años. En las épocas tempranas nació la humbucker y los mástiles atornillados, más tarde llegaron los puentes flotantes y los radios compuestos, y en los 90 proliferaron los instrumentos de rango extendido. Pequeños cambios que, a veces van ligados a algunos géneros, pero que en ocasiones logran quedarse permanentemente y convertirse en una opción fija que convive con lo clásico.
En el siglo XXI también tenemos unas cuantas cosas que, al menos de momento, parece que tienen pinta de haber llegado para quedarse. Algunas se han extendido muchísimo, otras parece que se han quedado en un ámbito acotado, pero como es divertido hablar de ello, vamos a mencionarlas.
Mástil de arce tostado
El mástil de arce es casi tan antiguo como la misma guitarra eléctrica, pero esto de tostar el arce se ha vuelto algo masivo en los últimos 25 años. Lo de siempre: ya existía antes, pero la industria lo ha abrazado por varias razones. Tiene un aspecto agradable, permite renovar un poco la ya sosa oferta de maderas habituales y, aunque no se creó con esta finalidad, se podría inferir que tiene algunas ventajas de abaratamiento de costes. El tostar el arce (que consiste fundamentalmente en hornearlo) permite ahorrarse el tiempo de secado, lo cual acelera el proceso, y está constatado que el tostarla hace que la madera sea más estable ante los cambios de temperatura y humedad.

Originalmente solo en gamas altas, ahora es bastante común encontrarlo precisamente en gamas medias o hasta bajas, ya que, mientras la marca que las produce tenga acceso a hornos industriales, la velocidad de producción y estabilidad del mástil son preocupaciones comunes en los instrumentos económicos.
Trastes de acero
Lo de los trastes reconozco que es una de los problemas que me impulsó a comprar guitarras algo más caras en su día. Justificadamente, ya que una guitarra de unos 400 euros con unos malos trastes es una mala inversión; si tocas muy a menudo, acabarás erosionando los trastes, y aunque podrás prolongar su vida con un replanado (bajar la altura general de los trastes limándolos, para igualarlos a la erosión), es posible que a la siguiente vez que se erosionen ya te toque cambiarlos. Y suele costar entre 200 y 600 euros retrastear un instrumento. Claro, es casi como volver a pagar la guitarra.

Las guitarras algo mejores ya suelen traer unos trastes más dignos, que aguantan mejor. Pero es que hoy en día, ya no es raro que las guitarras de gama media o media-baja vengan con trastes de acero inoxidable, los cuales tienen mucha, mucha más duración. Es una excelente incorporación para las guitarras no muy caras, porque nos garantizan que no tendremos que hacer la reparación anteriormente mencionada en mucho tiempo. Gracias a ellos, sí puede salir a cuenta un instrumento no muy caro que planeemos tocar mucho.
El fin de la Les Paul atornillada (o casi)
Antes del año 2000, una guitarra Les Paul o estilo Gibson atornillada (en vez de encolada, como debería ser) era el pan de cada día entre los principiantes. Básicamente, todo aquél fan de Slash de los 90 que quería emular a su héroe dando sus primeros acordes, lo hacía con una guitarra que tenía la misma silueta, pero ni las maderas ni la construcción coincidían apenas. Lo raro de ver era una Les Paul encolada económica.
Hoy en día, la clientela tiene un acceso mucho mayor a la información lo que los hace más exigentes (conoce los detalles exactos de una Les Paul con mayor facilidad), y sumado a la potencia de producción de China en el s. XXI, ha hecho posible que hoy en día, las Les Paul de principiantes son encoladas casi en su totalidad.
Alguna Epiphone económica queda que aún es atornillada, claro (precisamente, la Epiphone Slash AFD Les Paul Special-II Outfit era una de ellas), como la Epiphone Les Paul Tribute:
Una explosión de color para los principiantes
Los colores que había para elegir cuando me compré mi primera guitarra, por el presupuesto que tenía, eran 4: negro, rojo, azul y sunburst. De una Stratocaster, por supuesto. Cualquier otro modelo ya solía costar más.
Veamos cuántos colores tendría para elegir hoy en día con el mismo presupuesto. Por aquel entonces, parece que las tiendas se habían puesto de acuerdo que tenías que gastarte unas 20.000 pesetas en la guitarra. Ese era el estándar de guitarra de principiante en 1999. Convertido directamente a euros, eran 120 euros. Hoy en día esos 120 equivaldrían propocionalmente a unos 200 euros, veamos las opciones de Stratocasters que hay hoy por ese precio. O mejor dicho, veamos qué no hay:
Afinadores de bloqueo para todos
Tomemos el ejemplo de la Harley Benton ST-Modern del apartado anterior: jamás en la historia había existido una guitarra de presupuesto principiantes con afinadores de bloqueo, jamás.

Tampoco es que ahora sea la norma, de hecho ese modelo es un caso muy extremo; pero sí es cierto que ahora los afinadores de bloqueo están ampliamente extendidos en las guitarras de gama media. Es una prestación no tan enfocada a la estabilidad de afinación como la gente piensa, pero sí a acelerar y facilitar el cambio de cuerdas.
El puente Evertune
Quizás no vaya a tener la increíble aceptación que tuvo el Floyd Rose en los 80 (seguro que no), pero el puente Evertune es una innovación a todos los niveles que marcas como ESP/LTD, Jackson o Solar Guitars han incorporado.

Se trata de un sistema mecánico que equilibra tensiones de tal modo que las cuerdas jamás se desafinan. Cualquier cambio de tensión en la cuerda a causa de la temperatura u otros factores, es compensada de forma mecánica por el sistema, con lo que la afinación es siempre impecable. Sus contras es que requiere de un ajuste preciso para que podamos seguir disfrutando de la técnica del bending, y que los cambios de cuerdas son algo más aparatosos que los del puente convencional.
Y es curioso: aunque una estabilidad de afinación a prueba de bomba es algo que nos interesa a todos, su éxito se ha quedado, por ahora, confinado al mundo del metal. Posiblemente el marketing que se ha hecho de ello ha estado muy centrado en los problemas de las afinaciones graves, que el Evertune maneja sin problemas. O quizás sean un público más ávido de innovaciones tecnológicas que el de otros géneros.
El auge de las guitarras headless
El pasado estaba repleto de ellas, nunca llegaron a ser símbolo de un colectivo ni un estilo musical: más bien, las guitarras headless eran una extravagancia que veíamos a músicos inquietos, buscando expresar su individualidad. Tengo claramente en la cabeza la imagen de Allan Holdsworth usando una headless, cumpliendo claramente con ese estereotipo.
Hoy, de individualidad nada: precisamente al usar una headless a día de hoy, estamos diciendo muy claramente que pertenecemos al club progresivo, djent o math rock. Las guitarras headless tuvieron un resurgir muy marcado asociadas a músicos como Plini, Animals as leaders, y otras bandas con un gran desarrollo técnico, y que, sinceramente, han sido la maniobra de reanimación que el corazón de la guitarra eléctrica tanto necesitaba últimamente.
Por tanto, a día de hoy tenemos una oferta amplísima de guitarras headless donde antes era una mera anécdota en marcas muy contadas: Strandberg, Kiesel, Legator, Ibanez, Cort, Harley Benton, Sire Larry Carlton o hasta Mooer tienen modelos. Y en tema precios, también hay mucha variedad: por menos de 500 euros ya encontramos las primeras de la marca Hils:
Las guitarras multiescala ganan peso
Yo diría que lo de las multiescala no ha pegado tan fuerte como lo de las headless, incluso aunque a menudo venían las dos características en la misma guitarra.
La multiescala es una consecuencia de lo que se consolidó a finales de los 90: las afinaciones graves y las guitarras de 7, 8 y hasta 9 cuerdas. Claro, cuerdas tan diferentes necesitan también escalas muy distintas, y es lo que las guitarras multiescala buscan solucionar; gracias a los trastes en abanico, cada cuerda puede tener la longitud y tensión que necesita.
Se han democratizado muchísimo estos 25 años, aunque creo que no han llegado al mundo de «lo estándar» con tanta facilidad como la estética headless. Nuevamente, es cosa muy de metaleros.

Conclusión
Hay dos fuerzas impulsoras que no permiten que la guitarra eléctrica pare de moverse: una es la aparición de nuevos estilos musicales y las necesidades que conllevan, y la otra es el deseo de vender más y más guitarras con el pretexto de que las de última generación brindan posibilidades que las anteriores no podían. Lo que no sabemos es cuál de las dos fuerzas es la causa de la otra.
Lo importante aquí es solo señalar cómo es el mundo de las guitarras que hoy podemos comprar, y cómo de diferente es del pasado que muchos hemos vivido. ¿Cómo serán los próximos 25 años? Yo ya estaré muerto casi seguro, o seré tan viejo que me dará igual. Pero habrá alguien escribiendo este artículo (o un robot lo hará por su cuenta) y seguro hay muchos cambios por llegar todavía. ¡Ya lo veréis!
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