por  David Baizán  | |   Añadir como fuente preferida en Google   | 4,5 / 5,0 |  Tiempo de lectura: 9 min

Guía básica de mezcla en producción musical: ecualización (4 de 10)  ·  Fuente: Universal Audio

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Llega el momento de abordar uno de los procesos más determinantes y delicados de toda la producción musical. Cuando ya hemos ordenado el terreno con una estructura de ganancias saludable y hemos repartido con lógica y criterio los elementos en el plano horizontal mediante la panoramización, la ecualización se presenta como el siguiente paso natural para seguir avanzando en la sesión. Es el proceso mediante el cual podemos ajustar el balance tonal de cada pista, decidiendo qué frecuencias ganan protagonismo y cuáles deben ceder terreno para que el conjunto respire con más claridad y naturalidad. A menudo se malinterpreta la ecualización como una especie de varita mágica correctiva que puede rescatar cualquier grabación desastrosa, pero su verdadero valor reside en la precisión quirúrgica con la que equilibra el lienzo sonoro.

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Antes de seguir avanzando en la materia, conviene aclarar que en este artículo no nos vamos a detener a analizar los diferentes tipos de ecualizadores que existen en el mercado —ya sean gráficos, paramétricos, dinámicos, etc.—. Si te interesa profundizar en esa cuestión, puedes consultar el artículo dedicado a los tipos de ecualizadores que publicamos el año pasado, donde desgranamos todas esas opciones en detalle para ayudarte a elegir el procesador adecuado en función de cada necesidad.

La importancia de la ecualización en la mezcla

Si tuviéramos que elegir el procesamiento especializado más importante de una buena mezcla, la ecualización se llevaría el primer puesto sin discusión. De hecho, la relevancia de esta herramienta es tal que un ingeniero con experiencia y un equipo de monitorización decente es capaz de sacar adelante una mezcla solvente, equilibrada y con pegada ajustando únicamente los niveles, la panoramización y aplicando una buena ecualización. Naturalmente, el resto de procesos de los que hablaremos más adelante —como la compresión, la saturación o los efectos espaciales— ayudan a pulir el resultado, redondear la dinámica y añadir carácter, motivo por el cual se utilizan en todas las mezclas.

Sin embargo, la ecualización funciona como la auténtica piedra angular de la mezcla porque es el proceso que resuelve los conflictos de espacio en el plano vertical. Cada instrumento musical emite energía en un rango determinado de frecuencias, y cuando juntamos decenas de pistas en una misma sesión, es inevitable que se produzcan choques acústicos. Un bombo y un bajo que compiten por el mismo subgrave, unas guitarras eléctricas que ensucian el registro medio de la voz o unos sintetizadores cuyos armónicos superiores tapan el brillo de los platos de la batería son problemas cotidianos que solo se resuelven tallando el espectro sonoro. La ecualización no busca que cada instrumento suene perfecto e impecable cuando lo escuchamos en solitario —de hecho, casi mejor que no abuses del «solo» cuando mezcles—, sino que todos convivan en armonía y dejen que el tema respire. Y ten en cuenta una máxima de la mezcla: en la mayoría de ocasiones, una buena ecualización es el arte de quitar frecuencias.

¿Cómo abordar la ecualización en una mezcla?

A la hora de enfrentarnos a la tarea de ecualizar una sesión, lo primero que debemos aparcar es el piloto automático y los dogmas milagrosos. Un error muy extendido, especialmente entre quienes empiezan en el mundo del home studio, consiste en aplicar recetas idénticas a todas las pistas porque lo han visto en un tutorial de internet. La realidad del estudio es muy diferente: cada paso que demos con un ecualizador debe responder a una necesidad real del tema, no a una obligación técnica impuesta.

FabFilter Pro-Q 4: ¿el mejor plugin de ecualización del mercado? Depende de a quién le preguntes. · Fuente: FabFilter

Una práctica habitual consiste en empezar la sesión buscando y detectando de oído las resonancias molestas o las frecuencias problemáticas que ensucian una toma, utilizando filtros de campana estrechos para atenuar exclusivamente aquello que chirría. Del mismo modo, el uso de filtros paso-alto y paso-bajo resulta fundamental para eliminar la energía supersónica o infrasónica inútil que no aporta nada musical y que solo consume margen dinámico y potencia en los altavoces.

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Ahora bien, hay que tener mucho cuidado con este afán de limpieza. A veces se extiende el bulo de que hay que recortar drásticamente los graves de todas las pistas que no sean el bombo o el bajo, o aplicar filtros agresivos en cada rincón de la sesión «porque toca». Si aplicas esta mentalidad de forma sistemática y ciega, lo único que conseguirás es cargarte la energía, el cuerpo y el aire natural de un tema, dejando la mezcla estéril, fría y sin pegada. Menos es más: ecualiza solo lo que lo pida la canción y deja respirar aquello que ya suena bien por sí mismo.

Algunos consejos concretos de ecualización

Para orientar el trabajo en el estudio sin perder el norte, resulta muy útil estructurar la ecualización atendiendo al papel que desempeña cada grupo de instrumentos dentro de la jerarquía de la canción.

En cuanto a los instrumentos principales, que llevan el peso emocional de la obra, la ecualización debe ser muy respetuosa. La voz principal necesita un tratamiento mimado: una ligera limpieza en los medios-graves para evitar que suene embarrada o poco definida, un realce muy sutil y abierto en las frecuencias altas para aportarle presencia y aire, y un control estricto de las sibilancias en los agudos. Las melodías protagonistas o los riffs principales deben ocupar un espacio limpio donde no compitan con la voz, realzando su timbre característico pero controlando las frecuencias secundarias que podrían enmascarar el mensaje central.

No toda la ecualización tiene por qué ser quirúrgica. En ocasiones querrás aportar carácter a tus pistas, y el Hitsville EQ Collection de Universal Audio puede ser una muy buena opción para ciertos instrumentos. · Fuente: Universal Audio

Por su parte, el bloque rítmico y el bajo exigen un entendimiento milimétrico del espectro grave. El bombo y el bajo comparten el mismo territorio y deben repartirse el espacio con elegancia: si el bombo tiene su golpe fundamental seco en torno a los cincuenta o sesenta hercios y un toque de click en los medios-altos, el bajo puede ceder ligeramente ese punto exacto para centrarse un poco más arriba o viceversa, evitando que los graves se embarren y pierdan definición. La caja, por su parte, suele agradecer un pequeño toque de cuerpo en los medios-bajos y una apertura en la zona alta para que cruja con autoridad sobre la mezcla.

Finalmente, los instrumentos secundarios —como las guitarras de acompañamiento, los colchones de teclados, las percusiones menores o los pads atmosféricos— deben recibir un tratamiento de menor protagonismo tonal. Una de las mejores técnicas para que estos elementos de relleno no estorben a las voces ni a las melodías principales es aplicarles un filtrado generoso en los extremos: recortar los graves superfluos para que no pisen el bajo y suavizar ligeramente los agudos más punzantes ayuda a que se retiren sutilmente hacia un plano secundario, creando un fondo rico y ordenado que arropa la mezcla sin robarle el foco principal.

¿Qué pasa con los ecualizadores espectrales?

En los últimos años, el ecosistema de la producción musical ha dado la bienvenida a una nueva generación de herramientas que han cambiado parcialmente la forma de enfrentarnos al espectro sonoro: los ecualizadores espectrales y procesadores dinámicos de supresión de resonancias, con ejemplos tan populares como el célebre Soothe de oeksound, Gullfoss de Soundtheory, el Waves Curves Equator o las opciones de procesamiento espectral que marcas tradicionales como FabFilter han ido integrando en versiones recientes de sus conocidos ecualizadores, como el FabFilter Pro-Q 4. A diferencia del ecualizador paramétrico clásico, que aplica una curva estática sobre una frecuencia fija, estos procesadores analizan la señal en tiempo real dividiéndola en cientos de bandas diminutas. Su función principal es detectar de forma automática aquellas frecuencias que se desbocan, molestan o chirrían en un momento dado, atenuándolas al vuelo solo cuando el problema se manifiesta.

Oeksound Soothe 3 es la última versión del que probablemente sea el plugin de supresión de frecuencias más popular del mercado · Fuente: Oeksound

Las ventajas que aportan este tipo de herramientas en un entorno de home studio son innegables, especialmente cuando trabajamos con grabaciones imperfectas, voces con resonancias de sala muy difíciles de domar o pistas de instrumentos acústicos que acumulan asperezas dinámicas. Bien empleados, limpian el sonido de manera transparente, ahorran una cantidad infinita de tiempo y solucionan problemas complejos sin necesidad de dibujar curvas imposibles. Sin embargo, el gran riesgo que se corre al abusar de ellos es caer en un territorio de sonido artificial, plano y carente de vida. Cuando un ecualizador espectral actúa de forma excesiva o agresiva, tiende a degradar la microdinámica natural del instrumento, devorando los armónicos que le otorgan carácter y dejando una textura extraña y excesivamente digital que echa a perder el carácter orgánico de la mezcla.

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Por esta razón, estas herramientas avanzadas nunca deben sustituir por completo a la ecualización tradicional. Un ecualizador paramétrico clásico te obliga a desarrollar el criterio auditivo, a entender por qué una frecuencia molesta y a tomar decisiones conscientes sobre el balance tonal de la canción. Si confías toda la fase de ecualización a un algoritmo inteligente, tu oído dejará de entrenarse para detectar los problemas de raíz. Si quieres, puedes empezar a explorar este tipo de procesadores, daño no te va a hacer, pero dales siempre absoluta prioridad a los ecualizadores tradicionales si de verdad quieres aprender a mezclar con criterio propio y defenderte con soltura en cualquier situación o estudio.

En resumen

La ecualización es la herramienta definitiva para esculpir el espacio vertical de nuestras canciones y resolver los conflictos de frecuencias entre los distintos instrumentos. Lejos de ser una fórmula matemática rígida o una lista de recortes obligatorios que debamos aplicar por sistema, ecualizar con criterio significa dar solución a los problemas reales que estorban el flujo de la música, manteniendo intacta la energía y la naturalidad de cada fuente sonora. Con el plano horizontal de la panoramización y el plano vertical de la ecualización ya bajo control, en la próxima entrega de esta serie daremos el salto hacia el control de la energía y los transitorios abordando una de las fases más temidas y fascinantes del estudio: la compresión.

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2 respuestas a “Guía básica de mezcla en producción musical: ecualización (4 de 10)”

    Manu sagt:
    1

    Para mi, el consejo más útil que podría dar es: si estás ecualizando demasiado, si estás haciendo mucha cabriola con las eq y modificando demasiado las señales, es que tu monitoraje está desbalanceado. Si ajustas bien tus monitores o auriculares, si entiendes completamente el sonido que oyes, vas a tener que ecualizar, sorprendemente, muy poco, y por tanto te sonará todo más coherente, mejor. Luego, a partir de ahí, ahí ya depende de la maestría y oído de cada uno.

    Mery Ann sagt:
    1

    La mejor eq es la que no se hace

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