Breve historia del efecto de reverb: desde la cámara de eco a la reverberación digital
Todo tiene su origen, y las palabras Hall, Plate, Spring o Gated también.
Si llevas años tocando la guitarra seguro que ya estás familiarizado con las palabras Hall, Room, Plate, Gated o Spring. Sí, todo eso son tipos de reverb, pero quizás no sepas de dónde proceden. Hoy hablaremos de los inventos originales para crear reverb artificial de donde salieron algunos de ellos.
La historia de la reverb es, en el fondo, la historia de cómo los ingenieros de audio intentaron domesticar el espacio. Mucho antes de los plugins y los algoritmos, generar profundidad y ambiente en una grabación requería soluciones físicas, enormes y a menudo bastante ingeniosas. Curiosamente, muchos de los nombres que seguimos utilizando hoy en cualquier DAW o pedal de reverb —Hall, Plate, Spring o Chamber— nacieron literalmente de objetos y espacios reales.
1900–1930: Reverb natural
Las primeras grabaciones de comienzos del siglo XX no utilizaban reverbs artificiales. La única forma de obtener ambiente consistía en grabar en salas con buena acústica natural. Iglesias, teatros y auditorios se convertían en parte del sonido, y los ingenieros aprendieron rápidamente que la colocación de un micrófono dentro de un espacio podía cambiar completamente la sensación emocional de una interpretación. De ahí nace el concepto de “Hall”, todavía asociado hoy a reverbs amplias y cinematográficas inspiradas en grandes salas de concierto.

Años 1940: Echo Chambers
Durante los años cuarenta aparecieron las primeras echo chambers, consideradas por muchos el verdadero inicio de la reverb artificial. Estudios legendarios como Capitol Studios o EMI Studios construyeron habitaciones específicamente diseñadas para crear reflexiones controladas. El sistema era tan simple como auténtico: un altavoz reproducía la señal dentro de una sala reverberante y varios micrófonos capturaban el resultado. En esencia, el estudio utilizaba una habitación entera como procesador de efectos.

1957: Plate Reverb
La siguiente revolución llegó en 1957 con la aparición de la EMT 140, probablemente la plate reverb más famosa de todos los tiempos. En lugar de depender de una sala física, el sistema utilizaba una enorme placa metálica (de ahí lo del «plate«) suspendida dentro de un chasis. Un transductor hacía vibrar la lámina y varias pastillas recogían las resonancias generadas. El resultado era una reverb densa, suave y extremadamente musical, especialmente en voces. Aunque hoy cualquier plugin puede emular una plate reverben segundos, aquellos sistemas originales podían superar fácilmente los 250 kilos de peso.

Principios de los 60: Spring Reverb
A comienzos de los años sesenta llegó otro invento clave: la spring reverb, o reverb de muelles en español. Mientras las plates estaban destinadas a grandes estudios, los muelles permitieron llevar la reverb a equipos compactos y relativamente baratos. Fabricantes como Fender popularizaron el sistema integrándolo directamente en amplificadores de guitarra como el archiconocido Twin Reverb. El sonido viajaba físicamente a través de pequeños muelles metálicos, generando ese característico sonido brillante y con numerosos ruidos inesperados (¡pero novedosos!) que acabaría definiendo el surf rock, y muchos otros estilos del sonido vintage de guitarra.

Finales de los 60 : Roland RE-201 Space Echo
A finales de los sesenta y principios de los setenta comenzaron a popularizarse dispositivos de cinta como el Roland RE-201 Space Echo. Aunque técnicamente eran delays, las múltiples repeticiones cortas y la degradación natural de la cinta producían una sensación espacial muy cercana a una reverb. En muchos estudios, estas unidades se utilizaban precisamente para añadir profundidad y ambiente cuando las cámaras de eco o las plates no estaban disponibles.

1971: Primeras reverbs digitales
El gran salto tecnológico llegó en 1976 con la EMT 250, considerada una de las primeras reverbs digitales comerciales realmente importantes. Por primera vez, ya no hacía falta hacer vibrar placas metálicas ni utilizar habitaciones físicas. Todo se generaba mediante procesamiento digital. Aquellas primeras máquinas eran increíblemente caras y limitadas en comparación con cualquier plugin moderno, pero marcaron el inicio de una nueva era.

Poco después aparecieron unidades como la Lexicon 224, responsables en gran medida del sonido espacial de finales de los setenta y los años ochenta. La gran diferencia respecto a las reverbs anteriores era que ya no intentaban copiar fielmente espacios reales. Ahora podían crear ambientes imposibles, colas infinitas y modulaciones artificiales que terminaron definiendo el sonido del pop, el synthwave y las grandes producciones de estudio de aquella década.

1980: Gated Reverb
Precisamente en los ochenta surgió también una de las técnicas más reconocibles de la historia de la producción: la gated reverb. Popularizada por canciones como In the Air Tonight de Phil Collins, esta técnica consistía en aplicar una reverb enorme y cortarla abruptamente mediante un noise gate. Este efecto — que fue creado accidentalmente con un micrófono de talkback que tenía un noise gate activado — entregaba un sonido explosivo que transformó especialmente el sonido de la batería durante toda la década.
Años 1990 – 2000: la era del plugin y la convolución
Con la llegada de los DAWs en los años noventa, la reverb abandonó definitivamente el hardware dedicado y pasó al terreno del software. Plataformas como Pro Tools democratizaron efectos que anteriormente solo estaban disponibles en grandes estudios. Poco después aparecerían las convolution reverbs, capaces de capturar la respuesta acústica real de espacios físicos y hardware clásico mediante resppuestas a impulsos digitales.

Un mar de opciones en la actualidad
Hoy, la mayoría de las reverbs son completamente virtuales, pero siguen utilizando nombres nacidos hace más de medio siglo. Hall, Plate o Spring ya no describen necesariamente un objeto físico, aunque todavía conservan el carácter sonoro de aquellas máquinas y espacios originales. Y quizá ahí esté lo más fascinante: incluso en plena era digital, seguimos intentando recrear las imperfecciones mecánicas y acústicas del pasado.

Tanto en el contexto de la producción como en el de pedales para guitarristas y sintetistas, siempre hay un aparato para emular prácticamente cualquier tipo de reverb. Algunos cubren sólo un tipo, por ejemplo los pedales de reverb de muelles. Generalmente son digitales, pero algunos como el Crazy Tube Circuits White Whale incluso tienen muelles de verdad en el interior.
Otros, en cambio, buscan cubrir los máximos tipos de reverberación posible. El Strymon Bigsky es un clásico de esa categoría (que, por cierto, también existe como plugin), pero han ido llegando al mercado en los años siguientes un gran número de pedales con la misma misión: tener tantos algoritmos digitales como sea posible para cubrir los sonidos de la historia de la reverb.
Los más recientes, aunque por el momento no necesariamente lo más populares aún, son los pedales de reverb por convolución. Es algo ya muy instalado en el mundo de la producción y los plugins, pero muchos guitarristas no saben que, técnicamente, los pedales que utilizan para cargar respuestas a impulsos de altavoces (sus amados simuladores de cabinet por IR’s) usan la misma tecnología que se emplea para cargar reverbs por convolución. Pero ya hay algún pedal publicitado expresamente con esa argumentación, como el Hotone Verbera.
Y hablando de plugins, también hay un montón populares. Como pasa con los pedales, algunos buscan reproducir la realidad; otros escapar de ella.
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